Grasas trans a la vista, ¡cuidado con lo que comes!

En el post de esta semana quiero hablaros de grandes conocidos, y digo grandes conocidos porque estoy segura de que en multitud de ocasiones habéis oído hablar de ellas, son las grasas trans. A estas grasas yo las llamo las “grasas famosas”. Han aparecido en televisión, en radio, en revistas…pero, cuidado, no por sus beneficios, todo lo contrario, son grasas bastante dañinas para nuestro organismo y, ¿queréis saber el motivo? Si vuestra respuesta es que si, continuar leyendo.

Esta confirmado que el consumo consumo abusivo de grasas trans presenta efectos negativos para nuestro organismo. El aumento que produce este tipo de ácidos grasos (AGT) en el riesgo se detalló en enero del 2014 por la Academia de Nutrición y Dietética de Estados Unidos. Aunque lo cierto es que las bajas dosis de ingesta de AGT supondrán un riesgo mucho menor, cualquier dosis eleva el riesgo. Hoy por hoy, aunque existen algunas empresas que han decidido voluntariamente quitarlos de sus productos de marca propia, los AGT  siguen en el mercado, por lo que es conveniente saber en qué alimentos los podemos encontrar.

Los AGT son un tipo de ácidos grasos con una configuración peculiar, que pueden producirse tanto de manera natural (fermentación en el rumen de los rumiantes), y que encontramos en los productos cárnicos o lácteos, como mediante determinados procesos de hidrogenación llevados a cabo por la industria alimentaria. La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) consideró en 2010 que el efecto negativo de los AGT sobre los lípidos sanguíneos es parecido tanto si provienen de alimentos naturales, como si lo hacen de alimentos procesados. Sin embargo, mientras que está bien establecido que la ingesta de AGT de alimentos transformados se asocia a un aumento en el riesgo cardiovascular, las actuales pruebas científicas no permiten determinar si este efecto se produce con AGT de origen natural. 

La configuración de los AGT es bastante parecida a la de los ácidos grasos saturados. Estos últimos, pese a que no es preciso ingerirlos a través de la dieta, son necesarios en el ser humano,debido a que presentan funciones importantes, como la de proteger a las células de la oxidación, y es por ello que tenemos mecanismos para sintetizarlos. En cambio, los AGT no son en absoluto necesarios: nuestro cuerpo no los sintetiza y su ingesta está desaconsejada debido a los siguientes motivos:

1-Como acabamos de decir, la configuración de los AGT es similar a la de los ácidos grasos saturados, y ahí radica uno de los problemas asociados a su consumo. Nuestro organismo los “confunde” y los incorpora en las membranas biológicas de las células, en el lugar donde irían los saturados. Esto produce una alteración de la permeabilidad de la célula y hace que se oxide más fácilmente (proceso relacionado con el envejecimiento celular).
2-Después de ingerir los AGT, estos alteran el equilibrio del colesterol sanguíneo: entre otros efectos adversos, reducen las concentraciones de colesterol HDL (denominado “colesterol bueno”). La EFSA considera que una elevada ingesta de AGT se relaciona fuertemente con un mayor riesgo de enfermedad coronaria. 
 

Actualmente, la mayoría de los AGT que encontramos en los alimentos se genera mediante la hidrogenación. Este proceso permite obtener grasas semisólidas con características interesantes para la elaboración de alimentos, pero también despiertan gran preocupación en el ámbito sanitario. Aunque muchos fabricantes de alimentos han disminuido la presencia de AGT, aún podemos ingerir elevadas cantidades de estas sustancias. Quitando algunas excepciones, las etiquetas no suelen declarar su contenido en AGT, lo que dificulta su identificación.

Una pista para identificar los AGT consiste en revisar si la etiqueta del producto detalla que presenta grasas “parcialmente hidrogenadas”. Si nos encontramos esto es casi seguro que tendrá también AGT. A continuación os pongo una lista dónde es posible que se encuentren actualmente los AGT:

  • Bollería industrial.
  • Comida para llevar.
  • Cremas.
  • Comida rápida o fast food.
  • Fritos.
  • Galletas o pasteles.
  • Palomitas de maíz para el microondas.
  • Pastelería.
  • Patatas fritas de bolsa u otros aperitivos similares.
  • Pizza congelada.
  • Postres o helados.
  • Precocinados (empanadas, croquetas, etc.).

Para finalizar quiero señalar que el Comité Científico de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) detalló en 2010 que de entre los alimentos más arriesgados por su contenido en AGT destacan:

– Galletas rellenas de chocolate

– Bollería infantil

– Cereales con chocolate. 

Espero que hayáis tomado nota de todo y evitéis lo máximo posible este tipo de grasas, vuestra salud os lo agradecerá.

¡Saludos!

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2 comentarios en “Grasas trans a la vista, ¡cuidado con lo que comes!

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